Destrucción de carreteras y ciudades por inundaciones. Deslaves. Aumento del nivel del mar y riesgo para ciudades costeras. Mayor riesgo de degradación del suelo. Distribución irregular y escasa de agua.
Disminución de la seguridad energética. Destrucción de viviendas e infraestructura. Necesidad de inversión pública y privada para la recuperación de bienes y servicios destruidos por eventos climáticos extremos. Aumento de la pobreza.
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